lunes, 21 de enero de 2008

¿Renegociar el Tratado de Libre Comercio?

Autor: John Bailey
Fuente: El Universal
21 de Enero de 2008

Con frecuencia los políticos hablan de generalidades cargadas de emoción por razones calculadas. Por ejemplo, el libre comercio es actualmente blanco de críticas tanto en México como en Estados Unidos, y uno escucha a políticos de los dos países hablar de “renegociar el TLCAN”.

Esta vaga frase puede tener significados muy distintos. Un significado es que el acuerdo funciona bastante bien en general, pero que un conjunto particular de asuntos necesita atención prioritaria y negociaciones enfocadas.

Otro es que el acuerdo es inherentemente imperfecto y debería ser reabierto y renegociado.

En ambos países el libre comercio se ha vuelto cada vez más impopular. En una encuesta de NBC News/Wall Street Journal (realizada del 2 al 5 de marzo de 2007), se preguntó si los acuerdos de libre comercio han beneficiado o perjudicado a Estados Unidos. Entre 1999 y 2007, los encuestados que respondieron que el libre comercio ha sido benéfico se redujeron de 35% a 28%, mientras que los que consideran que el libre comercio ha sido perjudicial se incrementaron de 32% a 48%.

Sondeos realizados en México por Dan Lund, de Mund Americas, reportan que entre 1997 y 2007 los que declararon que el TLC es benéfico bajaron de 39% a 21%, mientras quienes señalaron que el acuerdo es malo se incrementaron de 23% a 41%.

En el caso de México, la controversia se centra actualmente en la eliminación, el 1 de enero, de los aranceles de importación sobre productos básicos como el maíz y el frijol. Los productores mexicanos sostienen que no pueden competir contra las enormes corporaciones agroindustriales estadounidenses y resultarán gravemente perjudicados por un torrente de importaciones baratas. Además sostienen que la variedad de subsidios que reciben los productores estadounidenses les brindan un ventaja injusta.

A su vez, los productores estadounidenses argumentan que México ha tenido 15 años para prepararse para la apertura comercial y que el gobierno mexicano no ha hecho lo suficiente para modernizar su sector agrícola.

México se beneficia con la exportación de otros tipos de productos agrícolas. También, el hecho de que los productos básicos importados sean más baratos ayudará a los consumidores mexicanos, al igual que a sus productores en algunos sectores de la industria y la agricultura, que se beneficiarán con insumos menos costosos.

Los argumentos de ambas partes tienen considerables méritos.

Haciendo a un lado la discusión, las importaciones de materias primas básicas probablemente se incrementarán en los próximos meses y algunos sectores de la agricultura mexicana enfrentarán una mayor competencia.

Como podía esperarse, organizaciones campesinas como El Barzón están comenzando a movilizarse para presionar al gobierno mexicano a fin de que mantenga la protección. Debido a que un acuerdo de suyo impopular generará una amenaza visible, los políticos hablarán de “renegociar el TLCAN”.

Lo importante es distinguir entre abordar un problema en particular y reabrir el acuerdo en sí.

El TLCAN (disponible en http://www.sice.oas.org/) tardó tres años en negociarse. Son cientos de páginas de lenguaje impresionantemente denso y complicado dividido en 22 capítulos y siete anexos. Las disputas que las partes tuvieron en algún capítulo frecuentemente fueron resueltas con concesiones en otro.

Además, según Wikipedia, “la agricultura es la única sección que no fue negociada trilateralmente; en lugar de eso, se firmaron tres acuerdos bilaterales separados”.

En resumen, la idea de renegociar el acuerdo en sus términos generales, o incluso reabrir el capítulo siete de agricultura, es bastante impráctica. Una opción mucho más pragmática es centrarse en el asunto en particular: cómo manejar los efectos adversos de la apertura comercial en un área políticamente delicada.

Este fue el camino que se tomó en relación con problemas anteriores, como, por ejemplo, la madera dura en el caso de Estados Unidos y Canadá, y las aves de corral en el caso de Estados Unidos y México.

Las negociaciones específicas realizadas fuera del acuerdo formal condujeron a soluciones poco elegantes pero aceptables.

No obstante, en estos problemas los intereses involucrados eran bastante reducidos. La diferencia obvia en relación con el maíz y el frijol es el alcance mucho más extenso de los intereses que resultan afectados en México. Esto sugiere que sería recomendable que los dirigentes políticos de ambos países emprendieran medidas rápidas y visibles para iniciar las negociaciones con miras a una solución.

Existen algunas condiciones favorables. Por distintas razones, los precios actuales del maíz, frijol y trigo son altos, lo cual debe propiciar que los principales exportadores agrícolas estadounidenses estén más abiertos a una solución negociada.Sin embargo, la falta de respuestas políticas efectivas hace vislumbrar un escenario negativo. El TLCAN es impopular en ambos países.

Decisiones tomadas hace 15 años quizá tengan ahora efectos significativamente negativos en algunas áreas de la economía mexicana.

Abogados y economistas internacionales se enfrascan en todo tipo de complicados debates que la mayoría de nosotros no entendemos. Mientras tanto, los políticos encontrarán cada vez menos incentivos para proteger el acuerdo y cada vez más para hablar de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En cierto momento en el futuro, el concepto de reabrir el acuerdo en sí quizá no parezca tan absolutamente impráctico después de todo.

*Director del proyecto México en la Universidad de Georgetown, EU