sábado, 10 de noviembre de 2007

México y la Cumbre Iberoamericana

Ahora que se está celebrando la XVII Cumbre Iberoamericana en Chile, creo prudente recordar los antecedentes de este evento ya que ha sido una de las inciativas de la política exterior de México que ha tenido mayor exito en la región y que ha contribuido al multilateralismo y al diálogo político entre los países Iberoamericanos.

La visión de llevar a cabo una cumbre con las actuales características es del ex-presidente mexicano, Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), y es congruente con el objetivo de dotar a México de un nuevo activismo en la escena internacional con el fin de que el país tuviera un impacto directo en los asuntos internacionales y en la construcción del nuevo orden mundial al término del conflicto Este-Oeste.

La idea surge a partir de encuentros entre funcionarios mexicanos y españoles ocasionada por la conmemoración milenaria del contacto entre el Nuevo Mundo y Europa. Salinas aprovechó el momento para crear un mecanismo que rebasara la simple celebración del aniversario y por el contrario, ideó un mecanismo institucional al más alto nivel que fomentara el diálogo político, el intercambio de ideas, la elevación del nivel educativo y la cooperación económica entre los países latinoamericanos de habla hispana junto con España y Portugal.

La primera Cumbre Iberoamericana se celebró en Guadalajara, México, en 1991. A ella asistieron los Jefes de Estado y de Gobierno de 21 países para, además de la cooperación mencionada, reflexionar acerca del papel de la comunidad iberoamericana al término de la Guerra Fría y de los retos que el nuevo orden internacional planteó a las países. La Cumbre de 1991 según la opinión de expertos como Rozental, fue la primera que conjuntó a los mandatarios de estos países, mismos que comparten estrechos vinculos históricos, culturales y linguisticos. Asimismo, fue la primera reunión a la que Fidel Castro asistió después de casi 20 años de aislamiento de la comunidad regional.

La Cumbre quedó institucionalizada a partir de la primera reunión en México, reflejo del compromiso de los países y la importancia que se le brinda al diálogo con la región iberoamericana. Cada año los países de la región se han encargado de organizar y hospedar a la reunión de Jefes de Estado y de Gobierno. Además de fomentar el diálogo político y alentar una visión conjunta del papel de la región en el orden internacional, ha generado diversos intercambios y apoyos educativos con el fin de incrementar el nivel educativo de sus miembros. También ha logrado ser un foro adecuado para que los países logren acuerdos y posturas políticas acerca de temas que posteriormente se han llevado a otros foros multilaterales, como la ONU.

En el 2007, la ausencia de Calderón al evento (por motivo de los desastres en Tabasco y Chiapas) es una ausencia sensible para la cumbre. Esto por ser el país creador del mecanismo y por el peso de México dentro de iberoamérica en los asuntos politicos, económicos y sociales. Sin embargo, es importante mencionar que la Cumbre nace en un momento en el cual México se encontraba en proceso de negociación del TLCAN y por ende, en el fortalecimiento de vinculos con Estados Unidos. Se preocuró que todo activismo multilateral se desarrollara en foros donde el interés de México no "chocara" con el de Estados Unidos (por ejemplo, se rechazó un asiento no permanente dentro del Consejo de Seguridad de la ONU para el periodo 1992-1993). Guadalupe Gonzalez se refirió a esta política como "activismo minilateral" para denotar el protagonismo político mexicano en foros de poca importancia a la luz de la profundización de la relación bilateral con Estados Unidos. Históricamente, la Cumbre y la región no ha sido prioritaria para la agenda mexicana (a comparación con otros temas) y ha reflejado la política mexicana dentro de la región (excepto por España, el cual ha sido un puente importantísimo entre México y la Unión Europea). Esto a pesar de que año con año, sexenio tras sexenio, se ha identificado a América Latina como la zona ideal para diversificar las relaciones internacionales de México. El Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, no es la excepción.